Los futuros jinetes

Que pase el que sigue

Recuerdo la primera vez que me subí a un caballo, yo quería un pony, pero quien los alquilaba no tenía, así que me consiguió uno "manso" de color blanco, pero demasiado grande para la ocasión. No obstante, me dí el gusto de dar un largo paseo, no sin varias situaciones complicadas en el más absoluto de los desconciertos por parte del equino, evidentemente incrédulo de la falta de experiencia de quien montado en él, pretendía darle órdenes.
Los primeros minutos fueron dignos de ver. No me permitió elegir el camino, y gracias a ello casi caemos por un barranco, cuando se negó a usar el puente de madera por el que mi bicicleta pasaba a diario y sin chistar. Fueron segundos de miedo, pero milagrosamente se asustó más que yó, y luego de pararse en seco en un delicado equilibrio, decidió escapar de la situación con ayuda de su instinto.
Poco más tarde ya empezamos a entendernos, y hasta el final del paseo todo fué mucho más tranquilo y disfrutable.
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