Listillos de verano

El plantador de sombrillas

Me había dado un chapuzón, y decidí secarme al sol, mientras observaba tranquilamente el panorama. Fué entonces que a casi 100 metros de distancia, lo ví.
Hacía bastante calor y la arena quemaba, pero él atravesaba impertérrito todo aquel escenario, vestido como se aprecia y con su sombrilla medio abierta, cubriendole desde la cabeza hasta la mitad de su cuerpo.

Suelo acertar en mis pronósticos (menos los de loterías) y sabía que aquel punto amarillo en el horizonte pronto sería mi vecino. Y cuánto más se acercaba descartando otras posiciones, más resultaba evidente mi espiritu pitoniso.

Tuve tiempo hasta de buscar la cámara, encenderla y tomarle una fotografía en su largo recorrido (por si me equivocaba), porque llamaba la atención su paseo entre la gente. Fué una toma "por las dudas", aunque en el fondo -como dije-, sabía que tendría segunda oportunidad.

Pocos segundos después, se materializó otro infeliz acierto de mi inútil virtud de predecir cosas triviales. El caballero amarillo abandonó sus pasos lejanos a la orilla, giró 90º, y pasó a mi costado no encontrando mejor lugar para su día de sol, que ponerse exactamente por delante de mí, conquistando su primera línea de playa.

Misión cumplida -habrá pensado-, dejando atrás a todos aquellos que llegando en horas más tempranas y con prudencia por el rompimiento de las olas, habíamos retrocedido unos metros alertados por las intempestivas salpicaduras, que en el avance de la mañana habían marcado la arena... territorio de los listos.
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