Portero precoz

Portero precoz

Estaba paseando por el lugar dispuesto a llevarme un recuerdo digital, -como no podía ser de otra manera-, a esas horas en que el sol es casi un enemigo.
Al llegar a la puerta del monasterio la oscuridad de la fachada me desalentó para encender la cámara, sumado a que con anterioridad ya había capturado el edificio.

Me concentré entonces en el entorno, y la gente que iba llegando a lo que sería una boda inminente. Tome posición en la entrada, y la idea era utilizar el zoom para desde afuera, buscar alguna imagen interesante escapando de las sombras edilicias.

Fue así que un momento después, y desde el interior del recinto, el señorito de la imagen apareció en escena montado en su vehículo autopropulsado, y raudamente se dirigió hacia mi posición.

No lo dudó un instante, ¿habrá sido que no le caí en gracia?, o mi cara dejaría al descubierto que no había sido invitado. La cuestión es que sin importar el peso del portón de hierro, el portero precoz comenzó a empujarlo con todas sus fuerzas. Sorprendido porque el chiquitín apenas podía caminar, decidí rápidamente dar los pasos necesarios para capturar el momento antes de que lo cerrara totalmente, extremo que conseguí milimetros antes de que acabara su faena.

Aún quedaba la otra parte abierta, pero mientras discernía mi próximo paso, se acercaron los parientes del forzudo, y al mismo tiempo llegó una cuantiosa y fiestera delegación de invitados "acreditados", que tomando amplias posiciones en todo los alrededores, hicieron recomendable dejar mis intenciones para una próxima oportunidad.
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