Dedos


8:30 am. Salgo en busca del coche para ir a trabar, -7ºC dicen los termómetros, y no tengo dudas de su veracidad. El desbloqueo eléctrico está somnoliento, despierta lentamente y finalmente acciona, pero a pesar de ello la puerta del conductor está "soldada" por el hielo. Con un golpe de suerte (y mucha fuerza, tirón mediante) se abre la del acompañante.

Intento arrancar; el motor corcovea cual potro salvaje sacudiéndose con furia, alimentado por un diesel que parece una poción venenosa. Al segundo trago, ensaya una desacompasada melodía que poco a poco va afinando hasta redondear una voz ronca pero firme.

Desde el interior, parezco estar por conducir un igloo motorizado. No se ve hacia fuera por ninguno de los cuatro costados. Intento accionar las lunas, y los motores eléctricos parecen sierras de corte luchando por destruir el hielo que impide mover los cristales.

En un ingenuo intento, pretendo que el agua del depósito del lava parabrisas acuda en mi ayuda para derretir el entuerto. Pero el dichoso líquido ha mutado, y está tan sólido que no corre por la cañería. Ya en los descuentos, con riesgo de llegar tarde y sin solución aparente, apelo a mis dedos; y en una suerte de gato humano, araño el parabrisas enemigo, dejándole marcadas las huellas de las yemas de los dedos entumecidas. Logro así abrirme camino con un hueco irresponsable; ventana salvadora de mi igloo motorizado que con mil dificultades me llevará a destino.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...